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El fútbol es pasión

Mi primera memoria de hincha futbolero fue justamente en una final de un mundial de fútbol. Pocos recuerdos -tal vez el único- tengo de esa edad y este es corto pero claro. Estábamos en Carmen de Apicalá pasando vacaciones, era una calle sin pavimentar, me caí y me raspé una rodilla. Lloraba. Mi papá no estaba porque estaba viendo la final del mundial.

Era Holanda – Argentina en 1978. Yo tenía 5 años recién cumplidos.

Mis siguientes recuerdos futboleros son generalmente relacionados, como toda memoria de largo plazo, con hechos dolorosos, o alegres. Para los 80s, casi siempre dolorosos a decir verdad 😁. Siempre hubo un factor común: una selección nacional o algún club del sur del continente encendía a patadas a los ingenuos y casi amateur jugadores criollos, todo porque cada vez les costaba más vencerlos de la forma tradicional: haciendo goles. Año tras año en cada Copa Libertadores, Torneo Continental o eliminatoria que había fui testigo de humillaciones, de injusticias arbitrales, de agresiones verbales y físicas y muy especialmente de “la garra” de los equipos del sur aplicada con toda su fuerza sobre sus rivales, sin distinción alguna.

“La garra” puede ser definida como una fuerza interior, amor propio, voluntad y un “FUA” o un mantra que motiva a los deportistas a ser mejores. Hasta ahí, bien. Mentalidad ganadora, digamos.
El problema viene cuando, a falta del resultado esperado “la garra” muta en un eufemismo para “ganar de cualquier manera”, siendo los métodos más conocidos la patada desleal para lesionar contrarios, la provocación verbal para conseguir una reacción del rival y obtener algún beneficio de ello (tarjeta e idealmente una expulsión), o simplemente desconcentrar o sacar de casillas al rival para beneficiarse de ello en lo deportivo. También está lo de simular faltas o agresiones para no solo obtener tarjetas sino penalties o cobros de pelota quieta en lugares estratégicos. La garra también suele tener un “plan final” cuando se ven perdidos: hacer todo lo posible por perjudicar al rival (lesionarlos o buscar que los expulsen) y les vaya mal en la siguiente fase. La garra es “ganar a cualquier costo” y no aceptar una derrota.

El hincha lo justifica como “la picardía del fútbol”. “La picaresca”. Lo ve como parte del deporte, como un elemento inherente al mismo. Que la maña, que la marrulla, que la trampa son parte del juego. De hecho no solo la justifican sino que la celebran. Es su ADN futbolístico y si uno intenta razonar con un hincha del cono sur sobre el tema, fracasará en el intento. Ellos honestamente no lo ven como algo malo, algo en contra del espíritu del deporte, sino como algo natural del deporte. Para ellos la trampa está tan normalizada que sencillamente no la ven.

Tengo muy mala memoria pero hay cosas que no olvido:

  • Como cuando sobornaron al arquero, o al Técnico según otros, de Perú para que se dejara meter los 6 goles que necesitaban para avanzar a la siguiente fase en el mundial en el que eran locales y del que al final saldrían campeones (1978).
  • Como cuando en el 86 Maradona hizo un gol con la mano, lo que le valió su paso a la semifinal. El mundo del fútbol aún hoy lo venera y celebra como la picardía máxima bajo el manto de “La mano de Dios”. Sí, ya sé que minutos después hizo el mejor gol de la historia de los mundiales, pero es que ya era otro partido. Todo cambió luego de esa injusticia.
  • Como cuando en la semifinal del mundial de 1990 jugadores de Argentina le dieron a los de Brasil bidones de agua con un sedante. Al final Argentina ganó 1-0. Lo que podría ser uno de los hechos más bochornosos y oscuros de la historia de los mundiales hoy lo recuerdan en Argentina como “la anécdota del bidón de Branco“.
  • Como cuando en los años 90 lograron que la FIFA legislara en su beneficio prohibiendo partidos de eliminatorias arriba de cierta altura sobre el nivel del mar. Se salieron con la suya por suficiente tiempo como para sacar provecho de ello al final. Sí, el “todo vale” no solo se juega en la cancha sino también fuera de ella, y es a todo nivel.
  • En esa misma década hubo varios escándalos de dopaje con jugadores de la selección Argentina, pero nunca pasó nada.
  • Como cuando en las eliminatorias de 1998, luego de perder con el local (Bolivia), iniciaron una batalla campal en la que un jugador recibió un golpe en la mejilla derecha. Luego apareció con un corte en la mejilla izquierda, y pretendían reclamar esos puntos en los escritorios. Luego se supo que el corte fue un montaje y al verse expuestos desistieron de la reclamación.
  • Como cuando boicotearon la Copa América de 2001. No fue el único país que declinó su participación para ese torneo, pero sus razones no fueron honestas, simplemente no les dio la gana de venir.
  • Como cuando en 2004 el Once Caldas ganó la Copa Libertadores al Boca Juniors y el equipo perdedor no salió a recibir su premio. En el mayor acto de soberbia del que tenga recuerdo se “excusaron” diciendo que “no sabíamos que al segundo le daban medallas” 🤬.
  • Como todas esas veces que los equipos visitantes fueron recibidos de forma hostil y hasta agredidos en el aeropuerto, en camino al hotel o estadio, o como cuando las barras se iban (¿van?) a hacer ruido toda la noche para que los jugadores no pudieran dormir bien.
  • Como ese interminable listado de veces en que un jugador, técnico, periodista o hincha hizo algún desplante, comentario despectivo, desobligante, arrogante, racista u ofensivo sobre un rival más débil.
  • Como en todos y cada uno de esos cientos de veces en que un equipo Argentino o Uruguayo sacó ventaja de la marrulla para ganar un partido. En clubes o en selecciones. Cuando hablo de marrulla me refiero a simular faltas o provocar contactos que un árbitro pueda interpretar como un falta para sacar diferencia en un juego complicado; el juego fuerte para lesionar al rival hábil (Pibe Vaderrama en los 90s por ejemplo) o las agresiones que se veían en los 80s (codazos sin balón, patadas voladoras, etc); o el simular lesiones en los últimos minutos para perder tiempo; o lanzar balones desde la banca para hacer parar el partido; o el permanentemente minar la concentración del rival mediante provocaciones verbales y en ocasiones incluso insultos directos o agresiones racistas, ya sea de boca de un rival, del banco técnico o incluso desde la tribuna. Es que tristemente hasta la prensa pone de su parte, manteniendo la narrativa de “la garra” como su ethos y en el proceso lavándole la cara a sus métodos carentes de espíritu deportivo.
  • Como cuando en la Copa América de 2021 el portero Argentino sacó de concentración a los cobradores colombianos diciéndoles todo tipo de provocaciones durante una definición de penalties que definían al finalista del torneo. Sin duda muy ingenuos los que se dejaron afectar, pero lo que me ofende es que ni el árbitro haya hecho algo al respecto, ni el hincha del común lo vea como mínimo como un acto de deslealtad y una bajeza, sino que lo aplauda y celebre como una más de las “minucias del fútbol”.

Mi memoria no me da para completar este listado con más ejemplos concretos, pero sin el menor recato actualizaré este post a medida que los (o me los) vaya(n) recordando.

De hecho, “la garra” es la responsable de la evolución de las reglas del fútbol. Año tras año, década tras década han tenido que ser modificadas para llenar los vacíos que habían sabido aprovechar para su beneficio los jugadores con el ADN de la garra. Sí, sé perfectamente que eso no es patrimonio exclusivo del futbolista del cono sur. En todo el mundo se simulan faltas, se provocan rivales, se dan patadas o codazos sin balón. Tristemente porque el antifútbol hizo carrera y se propagó como un virus. El mismo estilo de jugar que crearon y con el que se beneficiaron los de “la garra” por generaciones.

Las modificaciones a los criterios de impartir sanciones (roja directa, amarilla, etc) son consecuencia del juego fuerte, que por supuesto, no es exclusivo de los equipos del cono sur. Hoy ya esas patadas desleales se castigan con más severidad, hoy prácticamente no se ven jugadores simulando faltas o agresiones porque el VAR no les permite engañar a nadie. No es casualidad que en las partes australes de suramérica se despotrique, critique y ataque sin piedad la aplicación de esta tecnología para evitar que se repitan las injusticias del pasado. La transparencia parece incomodar e ir en franca contravía con el “todo vale” ancestral. “La garra” se ve amenazada. La “esencia del fútbol” para algunos, quienes consideran que la trampa es un patrimonio intangible del deporte.

Por supuesto, la riqueza del fútbol de Argentina y Uruguay es indiscutible. Son los mejores del mundo y son mejores que nosotros, los de un poco más al norte. Es por eso que no me cabe en la cabeza que cuando se ven igualados o superados tengan que acudir a “la garra” como su arma secreta para hacer diferencia. Hay una fina línea que divide “mentalidad ganadora” y “a todo costo” y ellos no tienen el menor problema en cruzarla cuando lo requieren. Desgraciadamente muchas de estas actitudes negativas fueron copiadas y adoptadas en las ligas locales de todo el mundo. Hicieron metástasis, por así decirlo, porque no hay otra mejor forma de describirlo que como “el cáncer del fútbol”. Sí, la trampa, la garra, la marrulla no son otra cosa que una enfermedad que mata al deporte.

Es difícil no contagiarse de la pasión con la que viven el fútbol, particularmente los argentinos. Ver el video de la abuela, los cantos, esa buena energía conmueve hasta las lágrimas, aún sin tener algún arraigo o cercanía con la celebración. Me alegro por mis amigos argentinos, de corazón. Me gusta verlos felices y casi que por un momento podría sentir empatía por su selección. Tuve la oportunidad de estar en un partido en el estadio de River y me fui fascinado y enamorado con la forma en que se vive el fútbol allá. No se discute el amor del argentino por el fútbol. Y sí, es contagioso.

Pero muy a pesar de eso nunca le haré fuerza a una selección Argentina. Por mucho que su alegría sea contagiosa y que sus hinchas en su mayoría sean unas buenas personas que disfrutan y viven el fútbol como nadie más en el mundo, no puedo separar que no comparto los métodos que a lo largo de la historia (y aún hoy) utilizan sus jugadores para alcanzar el objeto de sus celebraciones.

Algunos dirán que estoy lleno de odio y resentimiento, que me carcome la envidia o que necesito abrigarme el pecho. Tal vez un poco de todos. Yo lo llamo “memoria histórica”. Si algún día dejaran de lado estos métodos hincharía encantado por la celeste, aún sabiendo que el sentimiento nunca sería recíproco.

Es una cuestión de principios y desafortunadamente no comulgo con el “todo vale” para ganar. Ni en el fútbol ni en ninguna parte 🤷‍♂️.

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