Oda a la queja

Como sabrán algunos es recurrente en mí eso de emprender campañas personales, al mejor estilo de Nerón Navarrete. Una de ellas es la archi-mentada “Patton vs grandes corporaciones“, cuya idea principal y muy resumida es: “no se deje, quéjese, denuncie … si yo pude usted también”. Pues me encuentro en el blog de alexéi, periodista Dominicano que conocí en Buenos Aires una columna que escribió una señora (o señorita, vaya uno a saber) llamada Inez Aizpún en Diario Libre, supongo que de Santo Domingo. La copio y pego tal cual*, porque difícilmente alguien podría decirlo mejor:

Quejarse está mal visto. Es de mal gusto, una vulgaridad. Quien exige los derechos que el contrato firmado le confiere y no se brindan, es un osado. El que exige que la cita se cumpla con puntualidad, un impertinente. ¿Pedir que la fila se respete? Es usted un maleducado, no el que se coló. El que demanda al listo de turno que no cierre la intersección con su vehículo, un pesado. El que espera profesionalidad y rendimiento en una oficina, un aburrido**. El que aspira a silencio en el cine… un marciano.

Quejarse exige profesionalidad, constancia. La firme determinación de los pioneros del Oeste. No rendirse jamás. Y es difícil porque parece que socialmente se perdona antes un mal servicio, un mal producto, un rendimiento ineficaz que una reclamación exigente. A veces nos da pereza molestarnos en insistir en la queja. En otras ocasiones, preferimos callar… por no molestar. El que se queja está mal visto.

Como amas de casa, las mujeres tienen una maestría en reclamaciones. La luz, el agua, el teléfono, la tarjeta de crédito, la Internet… cada sector tiene su propia incomodidad y el servicio al cliente se reduce, normalmente, a que una señorita perfectamente entrenada para no dar una solución, le atiende al teléfono educadamente hasta que usted se rinda.

Exigir los derechos, reclamarlos, debería ser una asignatura escolar como un aporte a la democracia. Lograr que los consumidores exijan los servicios prometidos y escamoteados nos llevará a conseguir más eficiencia, tanto en el sector privado como en el público.

La cantidad de disparates que aceptamos de los políticos, la manipulación barata que les soportamos en campaña, las mentiras que dicen sin sonrojarse, la naturalidad con que incumplen lo prometido… todo tiene un origen común. No nos quejamos lo suficiente. Por no molestar.

Primero, me sorprende un poco notar que allá sea exactamente igual que acá. Luego debe ser un mal universal el de “dejar así”. Sea éste el manifiesto, la brújula que dirija esta lucha contra las malvadas corporaciones.
PD
Las negrillas son atrevimiento mío.

* Práctica de la que no soy fanático, pero hay excepciones como ésta.
**el asterisco también, para decir que aquí en Colombiano pondría “sapo” y agregaría a los estudiantes que hacen sus trabajos a conciencia, por el simple hecho de hacer las cosas bien. (Porque los que lo hacen por joder a sus compañeros si que los estripen)

PD2
No se le olvide pasarse a ver como sigue creciendo nuestra ciudad.